Hoy Lunes abierto:

10:00 - 20:00

(La taquilla cierra una hora antes)

   

Horarios

Lunes, martes, miércoles, jueves y domingo
de 10h a 20h
Viernes y sábados de 10h a 21h
(La taquilla cierra una hora antes)

Venta de entradas

www.ticketea.com
902 044 226

El Palacio de Gaviria

Exposición

Sección 1: El Deseo: La Musa y la Violencia

Para los artistas y poetas surrealistas, la temática del deseo fue toda una avenida para explorar las fantasías, los miedos y las inhibiciones inconscientes. El objetivo que tiene la liberación de los deseos a través del arte está conectado con el surgimiento de los regímenes totalitarios y es estallido de las dos guerras mundiales: en este contexto la libido se convirtió en una fuerza revolucionaria, una forma de rebelarse contra la censura política y social.

A finales de la década de los veinte del siglo pasado el tema del deseo se convirtió en una especie de obsesión y las teorías de Freud sobre la sexualidad circulaban dentro del movimiento, transformado a los artistas y escritores en “agentes del deseo”. La mujer, percibida como fuente de inspiración, encarnaba tanto una promesa como un símbolo de poder. La figura pasiva de la femme-enfant (la mujer-niña) demostró ser especialmente atractiva dada su doble naturaleza, a la vez inocente y seductora. Los surrealistas compartían una visión patriarcal del género femenino: “¿acaso lo esencial no es que seamos dueños de nosotros mismos, y, también, señores de las mujeres y del amor?” (Manifiesto surrealista, 1924). Esta exaltación del deseo enraizaba en las ideas del Marqués de Sade, un aristócrata francés del siglo XVIII que consideraba que la liberación de las pasiones era un derecho inalienable del hombre.

El cuerpo femenino se convirtió en el elemento central de muchas pinturas, fotografías, collages y esculturas surrealistas: idealizado y mitificado, o destruido y fragmentado, se convirtió en el objeto pasivo de un acto de deseo. Los collages y montajes proporcionaban una plataforma para diseccionar, recomponer o desfigurar la imagen femenina. Al utilizar a la mujer como forma de proyectar sus ansiedades y sus conflictos no resueltos, estos artistas –y especialmente Hans Bellmer– analizaban los aspectos más tabú del deseo.

André Breton consideraba que la reacción física ante el arte era similar al placer erótico: una forma de euforia que también resuena en las fotografías de Man Ray, en las cuales la musa femenina asume el papel protagonista. En contraste, Marcel Duchamp exploró el impulso erótico a través de su alter ego femenino, Rose Sélavy, explorando las fronteras de género y reinventándose a sí mismo como un objeto de deseo.

Una exposición organizada por:

Con:

En colaboración con:

Comunicación y prensa:

   

Hoy Lunes abierto:

10:00 - 20:00

(La taquilla cierra una hora antes)

Exposición

Sección 1: El Deseo: La Musa y la Violencia

Para los artistas y poetas surrealistas, la temática del deseo fue toda una avenida para explorar las fantasías, los miedos y las inhibiciones inconscientes. El objetivo que tiene la liberación de los deseos a través del arte está conectado con el surgimiento de los regímenes totalitarios y es estallido de las dos guerras mundiales: en este contexto la libido se convirtió en una fuerza revolucionaria, una forma de rebelarse contra la censura política y social.

A finales de la década de los veinte del siglo pasado el tema del deseo se convirtió en una especie de obsesión y las teorías de Freud sobre la sexualidad circulaban dentro del movimiento, transformado a los artistas y escritores en “agentes del deseo”. La mujer, percibida como fuente de inspiración, encarnaba tanto una promesa como un símbolo de poder. La figura pasiva de la femme-enfant (la mujer-niña) demostró ser especialmente atractiva dada su doble naturaleza, a la vez inocente y seductora. Los surrealistas compartían una visión patriarcal del género femenino: “¿acaso lo esencial no es que seamos dueños de nosotros mismos, y, también, señores de las mujeres y del amor?” (Manifiesto surrealista, 1924). Esta exaltación del deseo enraizaba en las ideas del Marqués de Sade, un aristócrata francés del siglo XVIII que consideraba que la liberación de las pasiones era un derecho inalienable del hombre.

El cuerpo femenino se convirtió en el elemento central de muchas pinturas, fotografías, collages y esculturas surrealistas: idealizado y mitificado, o destruido y fragmentado, se convirtió en el objeto pasivo de un acto de deseo. Los collages y montajes proporcionaban una plataforma para diseccionar, recomponer o desfigurar la imagen femenina. Al utilizar a la mujer como forma de proyectar sus ansiedades y sus conflictos no resueltos, estos artistas –y especialmente Hans Bellmer– analizaban los aspectos más tabú del deseo.

André Breton consideraba que la reacción física ante el arte era similar al placer erótico: una forma de euforia que también resuena en las fotografías de Man Ray, en las cuales la musa femenina asume el papel protagonista. En contraste, Marcel Duchamp exploró el impulso erótico a través de su alter ego femenino, Rose Sélavy, explorando las fronteras de género y reinventándose a sí mismo como un objeto de deseo.

Horarios

Lunes, martes, miércoles, jueves y domingo
de 10h a 20h
Viernes y sábados de 10h a 21h
(La taquilla cierra una hora antes)

Venta de entradas

www.ticketea.com
902 044 226

El Palacio de Gaviria

Una exposición organizada por:

Con:

En colaboración con:

Comunicación y prensa:

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar